EL PROCESO DE LA EVALUACIÓN CONDUCTUAL

Fases del proceso de evaluación conductual.

 22

Análisis del motivo de consulta

  • En esta fase es importante realizar un estudio exhaustivo de lo que puede ser el motivo de consulta, por lo que  se debe de atender y clarificar todo el conglomerado de quejas y demandas que presenta el propio paciente, así como las demandas que el entorno en que vive le presenta, (Godoy, 1998).

Establecimiento de las metas últimas del tratamiento

  • Con base  Rosen y Proctor, (1981, citado en Godoy, 1998), las metas últimas o  los resultados finales hacen referencia a los criterios utilizados para considerar el tratamiento como un éxito. A estos resultados, por tanto, se les pedirá que posean validez clínica y social. Por ello, los cambios directa o indirectamente logrados deberán ser clínicamente relevantes y socialmente significativos. Ello supone que puedan utilizar los distintos valoradores sociales que resulten pertinentes.  Así, los resultados finales deben haber solucionado las demandas del paciente y de los agentes sociales significativos que lo rodean.

 Variables de las que dependen las metas últimas del tratamiento

  • Dependen del sistema conceptual y de valores del terapeuta. Ya que distintas terapias y distintos terapeutas parecen tener objetivos finales diferentes. Así también del sistema conceptual y de valores de quien realiza la consulta  y de los requerimientos del medio físico y social en el que vive y se desenvuelve el paciente, (Godoy, 1998).

 Análisis de las conductas problema

Desde el punto de vista del paciente,  los problemas que se plantean son de dos tipos:

  1. quejas, se referirse a lo que va mal y se quiere eliminar, a lo que causa problemas, a lo negativo y molesto.
  2. Las demandas, hacen referencia a lo que se quiere adquirir, a lo positivo.

Las conductas problema hacen referencia, pues, a la traducción, en términos conductuales operacionales, del motivo de consulta presentado por el usuario.

En la actualidad  se mencionan dos enfoques que influyen sobre todas las fases de la evaluación:

El enfoque centrado en el problema, Desde el punto de vista centrado en el problema, o enfoque eliminativo y tópico se ha propuesto que, dado el estado actual de la cuestión, los trastornos comportamentales, más que con etiquetas diagnósticas, deben conceptualizarse como excesos o déficit. (Godoy, 1998).

En el enfoque eliminador se trata de averiguar si la conducta-problema ha desaparecido tras la aplicación del tratamiento y si continúa sin aparecer durante el seguimiento.

«Enfoque constructivo» o «sistémico»,  menciona que las metas del tratamiento no siempre llegan a coincidir con la traducción operacional en conductas aisladas de las demandas del paciente. Por tal este enfoque,  trata más bien de contrastar si las herramientas comportamentales proporcionadas al sujeto han orientado su vida diaria por un camino mejor que el truncado por el tratamiento. (Godoy, 1998).

 El estudio de los objetivos terapéuticos

Las conductas meta, o conductas objetivo, constituyen aquella clase de conductas a las que se dirige, o sobre las que se centra la intervención terapéutica (Evans, 1985, citado en Godoy, 1998).

La elección de las conductas meta

Nelson y Hayes (1986b, citado en Godoy, 1998) señalan algunas consideraciones en la elección de las conductas  objetivo:

  • Deben cambiarse los comportamientos que son física, social o económicamente peligrosos para el paciente o para los que le rodean (Kanfer, 1985, citado en Godoy, 1998).
  • Una conducta es anormal y debe modificarse si es aversiva para el propio sujeto o para otros, bien porque se aparta de lo que se espera del sujeto en ciertas situaciones, bien porque resulta impredecible (Ullman y Krasner, 1969, citado en Godoy, 1998).
  • Se debe cambiar una determinada conducta si así se flexibiliza el repertorio del paciente, de tal forma que se aumenta el bienestar individual y social a largo plazo.
  • La conducta a implantar en lugar de la conducta problema debe establecerse en términos positivos y constructivos, en oposición a la visión supresora o negativa. (Godoy, 1998).
  • Deben obtenerse niveles óptimos de funcionamiento, y no sólo niveles medios.
  • Se deben seleccionar para su modificación únicamente aquellas conductas que el contexto continuará manteniendo
  • Sólo se deben considerar como conductas objetivo aquellas que son susceptibles de ser tratadas,

La prioridad en las conductas objetivo

Conductas a modificar:

  • La conducta que resulte más molesta para el paciente o los otros significativos.
  • La conducta más fácil de modificar, ya que los resultados rápidos motivarán al paciente y/o a los otros significativos.
  • La conducta que produzca la máxima generalización de los efectos terapéuticos y la primera conducta de la cadena en el caso de que varias conductas constituyan una cadena comportamental  y la  (Hay, Hay y Nelson, 1977, citado en Godoy, 1998)

Criterios directrices para la elección del tratamiento adecuado

 Nelson (1984) y Nelson y Hayes (19866, citados en Godoy, 1998) han propuesto que las estrategias principales para elegir tratamiento pueden agruparse en tres categorías clasificatorias:

La estrategia del análisis funcional

  • El análisis funcional es la estrategia clásica en terapia de conducta para unir evaluación y tratamiento.
  • El estudio de las conductas problema debe realizarse mediante un cuidadoso análisis topográfico, limitándose, en la mayoría de los casos, a exponer de forma gruesa en qué debe consistir la conducta a implantar, pero prescindiendo de definirla en términos de los mismos parámetros de frecuencia, intensidad, duración, etc
  • El análisis de los estímulos ambientales que deben evocar y mantener la conducta a implantar ha consistido, más en señalar qué estímulos se van a emplear durante la fase de tratamiento que en prever qué estímulos deberán provocar y mantener la conducta en el medio natural en el que vive el sujeto.
  • En la mayoría de los casos, el tratamiento constituye la única contrastación empírica de las hipótesis funcionales formuladas.

La estrategia de la conducta clave

  • La estrategia de la conducta clave («keystone behavior») parte del supuesto de que los trastornos conductuales están constituidos por clases de conductas que se interrelacionan en los tres sistemas de respuestas: motor, cognitivo y fisiológico (Evans, 1986, citado en Godoy, 1998).
  • Se supone, igualmente, que el modificar alguna clase de conductas, o algunas conductas de una determinada clase, modifica otras clases o la clase entera.
  • Este enfoque implica que lo que existe son ciertos puntos de comienzo, anteriores a las conductas objetivo a cambiar, que se eligen por la facilidad o rapidez con que el terapeuta puede modificarlos y por los efectos en cascada que sobre tales conductas objetivo producen.

La estrategia diagnóstica

  • Según este enfoque, una vez que se le ha asignado a la persona un diagnóstico determinado, se elegirá el tratamiento que se ha encontrado más efectivo para ese tipo de trastorno.

La estrategia de la guía teórica

  • El procedimiento, enfrentados con las quejas y demandas del paciente, el terapeuta recurre al arsenal de teorías y conocimientos científicos existentes en busca de un sistema conceptual que verse sobre la región de fenómenos con que se encuentra, de tal forma que le sea posible describirlos con precisión y encontrar estrategias de actuación. (Godoy,1998)

Evaluación de los resultados del tratamiento

 Razones para realizar una valoración sistemática de los resultados

  • La calidad del servicio al paciente se mejora, ya que la valoración proporciona información acerca de la magnitud y dirección de los cambios, así como acerca de en qué medida se camina hacia la consecución de las metas últimas del tratamiento, permitiendo con ello la corrección de los fallos o deficiencias que se observen (valoración formativa).
  • Cuando la valoración se realiza tras la terminación de la intervención, bien inmediatamente después de la misma, o bien durante el período de seguimiento, la valoración permite apreciar el grado con el que se han alcanzado las metas últimas de y, por tanto, si el tratamiento puede considerarse o no como un éxito, en qué medida lo es y con respecto a qué criterios de los utilizados (valoración normativa), (Godoy,1998)

Valoración de las metas últimas del tratamiento

  • Las conductas objetivo, sobre las que se realiza la intervención, habitualmente son escogidas por el terapeuta de conducta, con frecuencia de forma consensuada con el paciente, sobre la base de su consideración como conductas adaptativas; es decir, sobre la base de su adecuación para alcanzar las metas últimas del tratamiento. Estas se eligen sobre criterios de valores culturales y personales (Wilson y O’Leary, 1980, citado en Godoy,1998)

ALGUNAS TÉCNICAS Y PROCEDIMIENTOS

11

Las técnicas y los procedimientos surgidos de los principios del aprendizaje han mostrado, de manera convincente, su potencial para modificar la conducta humana. Estas técnicas, incluidas con frecuencia bajo los rótulos de «análisis aplicado de la conducta», «modificación de conducta» o «terapia de conducta»se han utilizado con éxito en el tratamiento de un impresionante conjunto de trastornos psicológicos experimentados por una sorprendente variedad de poblaciones de pacientes.

La investigación conductual inicial estaba preocupada, fundamentalmente, en desarrollar y redefinir procedimientos de tratamiento clínicamente significativos. Como consecuencia, se prestó poca atención a la generalización y mantenimiento de los efectos de aquellos procedimientos que se encontraban más allá de los «laboratorios naturales» como las salas de clase, las instituciones y las prisiones, en donde se llevaba a cabo la investigación.

La generalización del estímulo tiene lugar cuando el paciente lleva a cabo la conducta aprendida en lugares diferentes de aquellos en los que se le ha enseñado la conducta. La generalización de la respuesta ocurre cuando el paciente lleva a cabo conductas similares, pero no idénticas, a aquellas que se le han enseñado durante el curso del tratamiento. En la práctica real, la generalización del estímulo, la generalización de la respuesta y el mantenimiento constituyen los resultados deseados en la mayoría de los programas de tratamiento. Es decir, los pacientes llevan a cabo variaciones apropiadas de las conductas que han adquirido (generalización de la respuesta) como adecuadas a las demandas únicas de las distintas situaciones en las que se desenvuelven (generalización del estímulo), después de la terminación del tratamiento (mantenimiento).

ESTRATEGIAS PARA MEJORAR LA GENERALIZACIÓN DE STOKES Y BAER

12

La programación de la generalización y El Mantenimiento

 Como se ha señalado previamente, ocho de las nueve estrategias identificadas por Stokes y Baer (1977) se diseñan para fomentar, de manera activa, la generalización del estímulo, la generalización de la respuesta y el mantenimiento

Generalización del estímulo

 Cuatro de las restantes ocho estrategias propuestas por Stokes y Baer (1977) parecen centrarse o enfatizar la generalización del estímulo.

13

14

15

16

Generalización de la respuesta

17

18

El mantenimiento

19

20

ATENUACIÓN DE LAS CONSECUENCIAS REFORZANTES

 La atenuación de las consecuencias reforzantes se refiere a cambios graduales en el programa o en la manera en que se dispensan los reforzadores establecidos, de modo que las consecuencias naturales puedan lograr el control de la conducta.

ENTRENAMIENTO DE LOS AGENTES NATURALES DE CAMBIO

 Los agentes naturales de cambio pueden definirse como aquellas personas que pertenecen de forma natural y están de modo relativamente permanente en el lugar en el que tienen que ocurrir los cambios de conducta

EL EMPLEO DEL CONTROL DEL ESTÍMULO

El control del estímulo es una amplia estrategia por la cual la presencia o ausencia de un estímulo particular o de un complejo de estímulos influye, de modo fiable, sobre si una respuesta o una clase determinada de respuestas tendrá lugar o no.

PROCEDIMIENTOS DE AUTOCONTROL

Como sugiere el término, el autocontrol es un conjunto de procedimientos diseñados para permitir a los pacientes que controlen su propia conducta

Rosenbaum y Drabman observaron que el propósito del autocontrol es el permitir a los pacientes que controlen tanto como sea posible su propia conducta. Advierten, sin embargo, que las técnicas de autocontrol tienen, como mucho, únicamente efectos modestos, a corto plazo, cuando se utilizan solas. Los mejores resultados se obtienen cuando constituyen componentes de paquetes de tratamiento que también contienen procedimientos de cambios de conducta y contingencias de reforzamiento.

 Rosenbaum y Drabman (1979) han recomendado que los investigadores incorporen una serie de procedimientos en sus programas de tratamiento:

21

PREVENCIÓN DE LAS RECAÍDAS

 La recaída constituye una crisis o un retro-ceso de los intentos del paciente para cambiar, o mantener los cambios, de su conducta. El modelo de prevención de las recaídas se desarrolló original-mente para mantener el cambio de conducta en los programas de tratamiento para la ingestión excesiva de sustancias (drogas). Sin embargo, los procedimientos de prevención de las recaídas son aplicables también a otras adicciones, como el alcoholismo, la conducta de fumar y el comer en exceso, así como también a los programas de cambio de conducta, en general. La prevención de las recaídas tiene una serie de componentes

La autovigilancia se emplea para identificar situaciones de alto riesgo en las que es probable la recaída. Además, la autovigilancia requiere que los pacientes presten atención a su conducta y, haciendo esto, inhiban su conducta habitual

Gran parte del éxito del modelo de prevención de las recaídas se atribuye a su fuerte énfasis en la enseñanza de habilidades de afrontamiento, que los pacientes pueden utilizar en las situaciones que son de alto riesgo para ellos y, lo que es más importante, cuando se encuentran a punto de ser desbordados por esas situaciones

Anuncio publicitario